AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE. QUEVEDO

4. Análisis del contenido y las figuras literarias 1

Análisis del contenido y las figuras literarias

El poema se inicia con un violento hipérbaton que ocupa los cuatro primeros versos. Ordenados según el orden lógico el texto quedaría así: “El blanco día la postrera sombra que me llevare podrá cerrar mis ojos y a hora lisonjera esta alma mía podrá desatar su afán ansioso”. En estos versos aparecen varias metáforas puras que se refieren a la muerte: el “blanco día”, “la postrera sombra” y la “hora lisonjera”. Curiosamente, el día de la muerte es descrito como un blanco día y la hora de muerte como una hora lisonjera, es decir, agradable, lo que corrobora el pesimismo del poema que ve la muerte como un descanso y un alivio de la vida. Quevedo establece varias antítesis para mostrar el significado ambivalente que tiene la muerte para el poeta: el verso segundo comienza con la “sombra” y concluye con el “blanco día” refiriéndose ambas a la muerte, cuya hora de llegada califica de “lisonjera”. Asimismo, el poema comienza con una perífrasis modal de posibilidad “cerrar podrá” que ha sufrido un hipérbaton, de modo que el poema se abre con un contundente verbo “cerrar” que da idea del poder absoluto de la muerte sobre el cuerpo y continúa con otra perífrasis “podrá desatar” que nos habla del poder de la muerte sobre el alma y el amor. En apenas catorce versos Quevedo condensa parte de la mitología griega sobre el más allá: tras la muerte ("la postrera sombra que me llevare el blanco día"), el alma se separa del cuerpo y tiene que atravesar la siniestra laguna Estigia, conducida a bordo de la barca de Caronte. La ley impone que al atravesar la laguna el alma tiene que dejar todos sus recuerdos en la ribera de la que se parte, de modo que cuando se llega al destino final, los infiernos, ningún recuerdo le quede a esa alma.